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ARTÍCULOS DE PRENSA
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primer acto 40
años
de La CarátulaEl robo de la versatilidad __ Antonio González Beltrán Antonio
González Beltrán, fundador y director de la compañía
de teatro La Carátula, evoca la trayectoría de este colectivo
de Elche que celebra en 2004 sus cuarenta años de actividad. Creadores
y animadores del Festival Internacional de la Oralidad, han cultivado
y cultivan los más diversos géneros escénicos.
"Un mort vertigineux",
citaba Jean-Paul Sartre, refiriéndose al momento de
la infancia de Jean Genet en que, por primera vez, fue definido
como ladrón y que lo marcó de por vida. Una palabra vertiginosa.
Efectivamente es una sensación de vértigo la que uno siente tratando de
mirar hacia atrás, en este recorrido desde hoy hasta 1964. Es algo que
nos arrastra.
Nos justifica el hecho de que el trasiego ha sido ininterrumpido y, consecuentemente, tenemos asideros de los que agarrarnos etapa tras etapa. Pero, irremediablemente y precisamente por ello, no nos salvamos de ser también ladrones desde aquel 16 de agosto. Si. Somos ladrones, en el sentido más amplio del término, pues desde el principio, con premeditación, alevosía y, casi siempre, con nocturnidad, nos hemos venido dedicando al saqueo sistemático de cuanta variante de las artes escénicas se nos presentaba. Yo no sé si, después de cuarenta años, nosotros hemos aportado algo al teatro; lo que es seguro es que, a lo largo de todo este tiempo, el teatro nos lo ha aportado todo a nosotros, o se lo hemos ido robando, que viene a ser lo mismo. La vivencia fue, ha sido, es - y será- como ese torbellino en el que se ve inmerso Genet y que lo conduce a través de su vida: un lanzamiento hacia el todo, en el sentido más físico del término. De la afición al teatro independiente Desde el mundo de los aficionados, pasando por el universitario y por una permanente escuela juvenil, que aún persiste, se llegó rápidamente a los Teatros de Cámara y Ensayo y de ahí, con toda naturalidad, como una consecuencia ideológica, al Festival 0 de San Sebastián, es decir, a lo que convinimos en llamar el Teatro Independiente. Independiente de lo oficial y de lo comercial, dependiente de todo lo demás, naturalmente. Independencia que aún nos empeñamos en mantener, a pesar de los embates del mercado y de los criterios -no siempre coincidentes con los nuestros- de los programadores oficiales. Luego, hubo cambio en la denominación, y parecía que convenía más llamarse Compañía Estable, o, por lo menos, esos fueron los parámetros dictados desde la incipiente democracia. Y nosotros intentamos ser estables con todas las consecuencias; incluso con Sala Estable -que inauguramos en 1980 y que tuvimos que cerrar, por falta de ayudas y llenos de deudas, es decir, de inestabilidad, en 1986-, donde presentábamos no sólo nuestras producciones sino también una amplia programación semanal de compañías foráneas, nacionales e internacionales, siempre con aquel criterio independiente. El término estable cayó muy pronto consecuentemente en desuso, y enseguida surgió otro que podía convenirnos: Alternativo. Es decir: no comercial, no oficial -¿no les suena eso?-, pero sí empresarial. Bueno, lo de empresarial no lo entendíamos muy bien, pues veníamos de una asociación cultural sin fines de lucro (aunque defendíamos nuestra profesionalidad en el quehacer teatral con todos los hierros), pero pronto apareció la fórmula mágica de poder ser empresa desde la asociación. Cosas del mercadeo. Y ahí estamos. Ahora somos empresa, alternativa, independiente todavía, eso sí; aunque mantenemos algunas actividades como asociación cultural, muy profesional, eso también. Como se puede comprobar, fuimos robando, allí donde se presentaba, esencia teatral desde lo estructural. Había que ir adaptándose a las circunstancias cambiantes de cada momento, en esta España mutante. De ahí ese ejercicio constante de versatilidad administrativa; pero no sólo en eso. Ya lo hemos insinuado más arriba; somos versátiles, sobre todo, en el domnio puramente escénico. Tengan en cuenta que nuestro nacimiento venía marcado por un carácter universitario, investigador, o sea, de laboratorio constante. Nuestros paradigmas, nuestras guías, fueron las nacientes revistas Primer Acto, dirigida por Pepe Monleón, y Yorick, cuya alma mater era nuestro paisano Alberto Miralles, o la más tardía Pipirijaina, que surgió de una idea de Manu Aguilar y que dirigió Moisés Pérez Coterillo (las demás revistas vinieron cuando ya teníamos el carácter bien indefinido). Ellas nos enseñaron, a través de sus páginas, las bondades de la variedad, la virtud del encuentro con tendencias diversas, la verdad de que no hay verdades absolutas, de que no hay métodos únicos, la posibilidad y la conveniencia de cambio, de búsqueda, de investigación (ya ven: como al principio). Un amplísimo repertorio Ahí estamos y así continuamos; practicando el despiste constante para aquellos que han querido seguirnos y especialmente para todo aquel que ha querido clasificarnos;
coherentes sólo con nuestro rigor en la búsqueda. Ahí está nuestro repertorio para
quien quiera estudiarlo: teatro épico, documento, farsa, sainete, esperpento,
furioso, absurdo, dadaísta, postista, mágico, naturalista, simbólico, melodramático,
clásico, cabaret... Ahí están las técnicas empleadas con la actuación, los títeres,
la danza -renacentista, clásica, contemporánea, flamenca, de salón-, el mimo
y la pantomima moderna, el circo, el canto -lírico, rockero, flamenco, bolerístico-,
el recitado poético, la narración oral... e, incluso, radio, cine y televisión.Esa indefinición es, precisamente, nuestra definición. Nos hemos dedicado, durante estos cuarenta años -y así seguiremos, supongo- a rapiñar allí donde había vida teatral, porque ese era y sigue siendo nuestro alimento. Queremos estar ahí donde se encuentre lo más vivo del teatro contemporáneo en todas sus vertientes. Bueno: en todas, no; pero sí en todas las que nos interesen. Y con todo ese bagaje acumulativo, por superposición de capas no siempre puras, y a mucha honra por la contaminación, hemos estado presentes, desde Elche, en los acontecimientos teatrales más interesantes de la escena española e internacional, desde los de mayor prestigio, digamos que oficial, hasta los más innombrados por modestos. Hemos ayudado al nacimiento de festivales que hoy tienen gran prestigio; hemos promovido, como programadores a compañías que luego han alcanzado máxima notoriedad; alumnos nuestros han llegado a puestos de alta responsabilidad artística; y, finalmente, no hemos olvidado nunca nuestro compromiso con nuestro entorno social ni nuestra solidaridad con los demás pueblos del planeta. Y todo ello, sin dogmatismos, conscientes del beneficio de habernos apropiado lo cambiante. De ahí que digamos que somos ladrones de lo versátil. Claro que esa misma versatilidad es la que nos produce el vértigo de este torbellino en el que está inmersa la historia y el presente de La Carátula. Y también su futuro, claro. |
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