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INTRODUCCIÓN :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

el caso es que me enredo en las distancias
sobre todo en las mías y en esta relación de las ausencias
sextante inútil
cartas de navegar equivocadas
y no puedo saber así sin atlas
totalmente sin visa
cuáles quedan más cerca de esta ciudad definitivamente provisoria
los eucaliptus de Montevideo o los de Sydney

digamos por ahora
en términos botánicos
dadas las circunstancias del terreno y su flora política
que más lejos está Montevideo
según la ecología de la muerte

Carlos María Gutiérrez

A partir de nuestra propia experiencia personal, pero también de la de nuestro entorno, hemos ido sintiendo la dolorosa experiencia del exilio como muy determinante para el comportamiento social y cultural, humano.

La situación de la ciudad de Elche –sede principal de este Festival, pero no muy diferente en este sentido de otros lugares- en materia de migraciones nos puede dar muchas pistas sobre lo que decimos. Nuestra población está compuesta por emigrantes de muchas regiones españolas, pero, ahora, de una manera muy evidente, por exiliados procedentes de América –de nuestra América-, del África más cercana y también de la sub-sahariana, de la Europa central y balcánica, de Asia. También vivimos aquí los hijos de los exiliados, de los emigrantes de toda época que, por razones políticas, económicas o político-económicas tuvieron que abandonar su tierra, que luego regresaron y que igualmente aportamos nuestro signo diferencial a ese hermoso mestizaje resultante.

Si repasamos la nómina de los participantes, a lo largo de las catorce ediciones anteriores de nuestro Festival -ésta es la decimoquinta-, comprobaremos una serie de nombres que representaron a países que no eran los suyos de origen, aunque ya estuvieran plenamente integrados en los lugares de adopción, o a otros que, aun representando a su nación, no vivían en ella. Para la edición actual hemos querido hacer hincapié en este aspecto y hemos programado mayoritariamente a artistas que, de una manera u otra, han sufrido algún tipo de exilio: político, económico, cultural, lingüístico, social. No sólo están los exiliados forzosos sino también los voluntarios.

Cuando el gobierno de un país cierra sus fronteras a las ideas, a la educación, al alimento, al arte, a una lengua o a las relaciones humanas en cualquiera de sus facetas, termina expulsando o enviando a la clandestinidad a muchos de sus conciudadanos, que no tienen más remedio que buscar otros espacios de libertad –a veces, sólo de nutrición; seguramente la libertad más perentoria: la de comer- allí donde se les proporcione.

Pongamos un solo ejemplo, pero muy elocuente y que puede representar la idea de la dedicatoria de esta edición: Dahd Sfeir. El exilio económico al se vieron sometidos sus padres, libaneses, la hicieron nacer en Uruguay. La dictadura militar impuesta en su país de nacimiento la empuja a un largo exilio ideológico y artístico que la lleva a Suecia, España, Cuba, Venezuela, Argentina, incluso paradógicamente a los EE.UU de Norte América. En cada uno de esos lugares, en donde encontró apoyo y solidaridad, también encontró inevitables dificultades de adaptación –otros pequeños exilios- en el idioma, en lo profesional, en las meras relaciones sociales.

El exiliado, que sufre un desarraigo brutal y doloroso, también se va “adaptando al tedio de la nostalgia”, que dice Benedetti, y hemos visto cómo lamentablemente más de uno muere en la melancolía del extrañamiento.

Dahd Sfeir, y otros muchos, jamás se dejaron vencer por el tedio, siguieron alimentando su pensamiento y su arte, y en cada lugar del recorrido aceptaron que la nueva situación les impregnara esa nueva cultura, esas nuevas relaciones sociales: esa nueva vida. La consecuencia es que van plantando, allí donde se encuentran, sus propias raíces, que no sólo se alimentan de nueva savia, sino que también van dejando nuevos brotes que enriquecerán a otros. Un trasiego humano que, a pesar de los sinsabores inherentes a todo desplazamiento involuntario, termina siendo beneficioso.
Eso queremos: seguir enriqueciéndonos con los nuevos brotes que van dejando estos artistas, tan únicos y tan varios. Hacer también que se contaminen unos de otros y terminar así venciendo sobre la brutalidad del desarraigo.
Por todo esto, Ducho querida, amigos y amigas transterrados, esta dedicatoria..

 

Antonio González Beltrán
Director del Festival Internacional de la Oralidad